El Salmo 119 es el más largo de la Biblia, 176 versículos, y todo él es una declaración de amor a la Palabra de Dios: «Lámpara para mis pies es tu palabra, y luz para mis senderos». Está dividido en 22 estrofas de 8 versículos, una por cada letra del alfabeto hebreo, y casi cada versículo nombra la Palabra de Dios con un sinónimo: ley, testimonios, mandamientos, preceptos, juicios, palabra. En las Biblias católicas que siguen la numeración de la Vulgata es el Salmo 118. Aquí tienes el texto completo, estrofa por estrofa, lo que significa y cómo rezarlo.
El Salmo 119 completo
Nuestra traducción del texto latino de la Vulgata, la Biblia de la Iglesia durante siglos. En hebreo, los ocho versículos de cada estrofa empiezan con la misma letra:
Álef (versículos 1-8)
Dichosos los que son intachables en su camino, los que andan en la ley del Señor.
Dichosos los que examinan sus testimonios; lo buscan de todo corazón.
Porque los que obran la iniquidad no anduvieron en sus caminos.
Tú has mandado que tus mandamientos se guarden con todo cuidado.
¡Ojalá se dirijan mis caminos a guardar tus preceptos!
Entonces no quedaré confundido, cuando haya considerado todos tus mandamientos.
Te alabaré con rectitud de corazón, cuando haya aprendido los juicios de tu justicia.
Guardaré tus preceptos; no me abandones del todo.
Bet (versículos 9-16)
¿Cómo corregirá el joven su camino? Guardando tus palabras.
Con todo mi corazón te he buscado; no me apartes de tus mandamientos.
En mi corazón he escondido tus palabras, para no pecar contra ti.
Bendito eres, Señor; enséñame tus preceptos.
Con mis labios he anunciado todos los juicios de tu boca.
En el camino de tus testimonios me he deleitado, como en todas las riquezas.
Me ejercitaré en tus mandamientos, y consideraré tus caminos.
Meditaré en tus preceptos: no olvidaré tus palabras.
Guímel (versículos 17-24)
Haz bien a tu siervo, dame vida, y guardaré tus palabras.
Abre mis ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley.
Peregrino soy en la tierra: no me escondas tus mandamientos.
Mi alma ha ansiado desear tus preceptos en todo tiempo.
Has reprendido a los soberbios; malditos los que se apartan de tus mandamientos.
Quita de mí el oprobio y el desprecio, porque he buscado tus testimonios.
Se sentaron los príncipes y hablaban contra mí; pero tu siervo se ejercitaba en tus preceptos.
Porque tus testimonios son mi meditación, y tus preceptos son mis consejeros.
Dálet (versículos 25-32)
Mi alma está pegada al polvo: dame vida según tu palabra.
Te conté mis caminos, y me escuchaste; enséñame tus preceptos.
Instrúyeme en el camino de tus preceptos, y me ejercitaré en tus maravillas.
Mi alma se ha adormecido de tristeza: fortaléceme con tus palabras.
Aparta de mí el camino de la iniquidad, y concédeme la gracia de tu ley.
He elegido el camino de la verdad; no he olvidado tus juicios.
Me he unido a tus testimonios, Señor; no me dejes avergonzado.
Corrí por el camino de tus mandamientos, cuando ensanchaste mi corazón.
He (versículos 33-40)
Señor, ponme como ley el camino de tus preceptos, y lo buscaré siempre.
Dame entendimiento, y examinaré tu ley, y la guardaré con todo mi corazón.
Guíame por la senda de tus mandamientos, porque es lo que he querido.
Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia.
Aparta mis ojos para que no vean la vanidad; dame vida en tu camino.
Confirma tu palabra a tu siervo, para que te tema.
Quita el oprobio que temo, porque tus juicios son agradables.
Mira cómo he deseado tus mandamientos: dame vida en tu justicia.
Vau (versículos 41-48)
Venga sobre mí tu misericordia, Señor; tu salvación, según tu palabra.
Y responderé a los que me insultan, porque he esperado en tus palabras.
No quites jamás de mi boca la palabra de la verdad, porque he esperado mucho en tus juicios.
Y guardaré tu ley siempre, por los siglos de los siglos.
Y andaba con libertad, porque buscaba tus mandamientos.
Y hablaba de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaba.
Y meditaba en tus mandamientos, que he amado.
Y alcé mis manos hacia tus mandamientos, que he amado, y me ejercitaba en tus preceptos.
Zain (versículos 49-56)
Acuérdate de tu palabra a tu siervo, con la que me diste esperanza.
Ella me ha consolado en mi humillación, porque tu palabra me ha dado vida.
Los soberbios obraban siempre la iniquidad; pero yo no me aparté de tu ley.
Me acordé de tus juicios de siempre, Señor, y me consolé.
Me sobrecogió el desfallecimiento por los pecadores que abandonan tu ley.
Tus preceptos eran mis cantos en el lugar de mi peregrinación.
De noche me acordé de tu nombre, Señor, y guardé tu ley.
Esto me ha sucedido, porque he buscado tus preceptos.
Jet (versículos 57-64)
Mi porción, Señor, he dicho, es guardar tu ley.
He suplicado ante tu rostro con todo mi corazón; ten piedad de mí según tu palabra.
Consideré mis caminos, y volví mis pies hacia tus testimonios.
Estoy dispuesto, y no me turbo, para guardar tus mandamientos.
Los lazos de los pecadores me han rodeado, pero no he olvidado tu ley.
A medianoche me levantaba para alabarte por los juicios de tu justicia.
Soy compañero de todos los que te temen y guardan tus mandamientos.
De tu misericordia, Señor, está llena la tierra; enséñame tus preceptos.
Tet (versículos 65-72)
Has hecho bien a tu siervo, Señor, según tu palabra.
Enséñame la bondad, la disciplina y la sabiduría, porque he creído en tus mandamientos.
Antes de ser humillado, me extravié; por eso he guardado tu palabra.
Bueno eres tú, y en tu bondad enséñame tus preceptos.
Se ha multiplicado contra mí la iniquidad de los soberbios; pero yo examinaré de todo corazón tus mandamientos.
Su corazón se ha cuajado como la leche; pero yo he meditado tu ley.
Bien me está que me hayas humillado, para que aprenda tus preceptos.
Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de monedas de oro y plata.
Yod (versículos 73-80)
Tus manos me hicieron y me formaron: dame entendimiento, y aprenderé tus mandamientos.
Los que te temen me verán y se alegrarán, porque he esperado mucho en tus palabras.
He conocido, Señor, que tus juicios son equidad, y que con verdad me has humillado.
Que tu misericordia me consuele, según tu palabra a tu siervo.
Vengan a mí tus compasiones, y viviré, porque tu ley es mi meditación.
Queden confundidos los soberbios, porque injustamente me han hecho mal; pero yo me ejercitaré en tus mandamientos.
Vuélvanse hacia mí los que te temen y conocen tus testimonios.
Sea mi corazón intachable en tus preceptos, para que no quede confundido.
Kaf (versículos 81-88)
Mi alma desfallece por tu salvación, y he esperado mucho en tu palabra.
Mis ojos desfallecen por tu palabra, diciendo: ¿Cuándo me consolarás?
Porque he quedado como un odre en la escarcha; no he olvidado tus preceptos.
¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás justicia contra los que me persiguen?
Los inicuos me contaron sus fábulas, pero no son como tu ley.
Todos tus mandamientos son verdad: me persiguen injustamente, ayúdame.
Casi me han acabado sobre la tierra; pero yo no he abandonado tus mandamientos.
Según tu misericordia dame vida, y guardaré los testimonios de tu boca.
Lámed (versículos 89-96)
Para siempre, Señor, permanece tu palabra en el cielo.
De generación en generación tu verdad; fundaste la tierra, y permanece.
Por tu disposición persevera el día, porque todo te sirve.
Si tu ley no fuera mi meditación, tal vez habría perecido en mi humillación.
Jamás olvidaré tus preceptos, porque con ellos me has dado vida.
Tuyo soy: sálvame, porque he buscado tus preceptos.
Los pecadores me acechaban para perderme; yo he comprendido tus testimonios.
He visto el límite de toda perfección; tu mandamiento es amplísimo.
Mem (versículos 97-104)
¡Cuánto amo tu ley, Señor! Todo el día es mi meditación.
Por tu mandamiento me has hecho más prudente que mis enemigos, porque es mío para siempre.
He entendido más que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.
He entendido más que los ancianos, porque he buscado tus mandamientos.
He apartado mis pies de todo mal camino, para guardar tus palabras.
No me he apartado de tus juicios, porque tú me has dado tu ley.
¡Qué dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.
Por tus mandamientos he adquirido entendimiento; por eso odio todo camino de iniquidad.
Nun (versículos 105-112)
Lámpara para mis pies es tu palabra, y luz para mis senderos.
He jurado y he decidido guardar los juicios de tu justicia.
Estoy humillado en extremo, Señor; dame vida según tu palabra.
Acepta, Señor, las ofrendas voluntarias de mi boca, y enséñame tus juicios.
Mi vida está siempre en mis manos, y no he olvidado tu ley.
Los pecadores me tendieron un lazo, pero no me he desviado de tus mandamientos.
He recibido en herencia tus testimonios para siempre, porque son la alegría de mi corazón.
He inclinado mi corazón a cumplir tus preceptos para siempre, por la recompensa.
Sámec (versículos 113-120)
Odio a los malvados, y amo tu ley.
Tú eres mi ayuda y mi amparo, y he esperado mucho en tu palabra.
Apartaos de mí, malvados, y examinaré los mandamientos de mi Dios.
Sostenme según tu palabra, y viviré; y no me dejes confundido en mi esperanza.
Ayúdame, y seré salvo, y meditaré siempre en tus preceptos.
Has despreciado a todos los que se apartan de tus juicios, porque su pensamiento es injusto.
He tenido por prevaricadores a todos los pecadores de la tierra; por eso he amado tus testimonios.
Traspasa mi carne con tu temor, porque he temido tus juicios.
Ayin (versículos 121-128)
He practicado el derecho y la justicia: no me entregues a los que me calumnian.
Toma a tu siervo para su bien: que no me calumnien los soberbios.
Mis ojos desfallecen por tu salvación y por la palabra de tu justicia.
Trata a tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus preceptos.
Tu siervo soy yo: dame entendimiento, para que conozca tus testimonios.
Es tiempo de actuar, Señor: han quebrantado tu ley.
Por eso amo tus mandamientos más que el oro y el topacio.
Por eso me guiaba por todos tus mandamientos; he odiado todo camino inicuo.
Pe (versículos 129-136)
Admirables son tus testimonios: por eso mi alma los ha examinado.
La explicación de tus palabras ilumina, y da entendimiento a los pequeños.
Abrí mi boca y aspiré, porque deseaba tus mandamientos.
Mírame y ten piedad de mí, como haces con los que aman tu nombre.
Dirige mis pasos según tu palabra, y que ninguna injusticia me domine.
Líbrame de las calumnias de los hombres, para que guarde tus mandamientos.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus preceptos.
Ríos de agua han derramado mis ojos, porque no han guardado tu ley.
Tsade (versículos 137-144)
Justo eres, Señor, y recto es tu juicio.
Has ordenado tus testimonios con justicia y con gran verdad.
Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos han olvidado tus palabras.
Tu palabra es muy acrisolada, y tu siervo la ama.
Soy joven y despreciado; no he olvidado tus preceptos.
Tu justicia es justicia eterna, y tu ley es verdad.
La tribulación y la angustia me han alcanzado; tus mandamientos son mi meditación.
Tus testimonios son equidad para siempre: dame entendimiento, y viviré.
Qof (versículos 145-152)
He clamado con todo mi corazón: escúchame, Señor; buscaré tus preceptos.
He clamado a ti; sálvame, para que guarde tus mandamientos.
Me adelanté a la aurora y clamé, porque he esperado mucho en tus palabras.
Mis ojos se adelantaron hacia ti al amanecer, para meditar tus palabras.
Escucha mi voz según tu misericordia, Señor, y según tu juicio dame vida.
Se acercaron a la iniquidad los que me persiguen; se han alejado de tu ley.
Cerca estás tú, Señor, y todos tus caminos son verdad.
Desde el principio supe de tus testimonios, que los fundaste para siempre.
Resh (versículos 153-160)
Mira mi humillación y líbrame, porque no he olvidado tu ley.
Juzga mi causa y redímeme: dame vida por tu palabra.
Lejos de los pecadores está la salvación, porque no han buscado tus preceptos.
Muchas son tus misericordias, Señor; dame vida según tu juicio.
Muchos son los que me persiguen y me atormentan; no me he apartado de tus testimonios.
Vi a los prevaricadores y me consumía, porque no guardaron tus palabras.
Mira cómo he amado tus mandamientos, Señor: dame vida en tu misericordia.
El principio de tus palabras es la verdad; para siempre son todos los juicios de tu justicia.
Shin (versículos 161-168)
Los príncipes me persiguieron sin motivo, y mi corazón tuvo temor de tus palabras.
Me alegraré en tus palabras, como quien encuentra un gran botín.
He odiado y abominado la iniquidad, pero he amado tu ley.
Siete veces al día te alabo por los juicios de tu justicia.
Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.
Esperaba tu salvación, Señor, y he amado tus mandamientos.
Mi alma ha guardado tus testimonios, y los ha amado intensamente.
He guardado tus mandamientos y tus testimonios, porque todos mis caminos están ante ti.
Tau (versículos 169-176)
Llegue mi súplica a tu presencia, Señor; dame entendimiento según tu palabra.
Entre mi petición a tu presencia; líbrame según tu palabra.
Mis labios proclamarán un himno, cuando me hayas enseñado tus preceptos.
Mi lengua anunciará tu palabra, porque todos tus mandamientos son equidad.
Que tu mano me salve, porque he elegido tus mandamientos.
He deseado tu salvación, Señor, y tu ley es mi meditación.
Vivirá mi alma y te alabará, y tus juicios me ayudarán.
Me he extraviado como oveja perdida: busca a tu siervo, porque no he olvidado tus mandamientos.
Qué significa el Salmo 119
- Un alfabeto de la Palabra: al recorrer todas las letras, de la primera a la última, el salmo dice que la Palabra de Dios lo abarca todo, de la A a la Z.
- «Dichosos los que son intachables en su camino, los que andan en la ley del Señor»: como el Salmo 1, empieza con una bienaventuranza: la felicidad está en caminar con Dios.
- «En mi corazón he escondido tus palabras, para no pecar contra ti»: la Palabra guardada en el corazón protege de la tentación.
- «Bien me está que me hayas humillado, para que aprenda tus preceptos»: el sufrimiento también enseña.
- «¡Qué dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca»: la Palabra no es una carga, sino un gusto.
- «Lámpara para mis pies es tu palabra, y luz para mis senderos»: el versículo más conocido. La Palabra no ilumina todo el camino de una vez, sino el paso siguiente.
- «A medianoche me levantaba para alabarte» y «Siete veces al día te alabo»: san Benito, en su Regla, ve en estos versículos el origen de la oración de la noche y de las siete horas de oración del día.
- «Me he extraviado como oveja perdida: busca a tu siervo»: el salmo termina con humildad: quien ama la ley de Dios sabe que necesita al Buen Pastor que sale a buscarlo (Lucas 15,4).
Cómo rezar el Salmo 119
- Una estrofa al día: en 22 días se reza el salmo entero. Es una buena manera de acompañar la lectura de la Biblia.
- Antes de leer la Biblia, con el versículo «Abre mis ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley».
- Con la Iglesia: la Liturgia de las Horas reparte sus estrofas en la oración de media mañana, mediodía y media tarde de las cuatro semanas.
Oración con el Salmo 119
Escrita para esta página:
Señor, tu palabra es lámpara para mis pies y luz para mi camino.
Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu ley,
y guarda tu palabra en mi corazón, para que no peque contra ti.
Cuando me extravíe como oveja perdida, búscame,
porque quiero amar tus mandamientos todos los días de mi vida. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el salmo más largo de la Biblia?
El Salmo 119, con 176 versículos. El más corto es el Salmo 117, con dos.
¿Por qué algunas Biblias lo llaman Salmo 118?
Porque las Biblias católicas antiguas y la liturgia en latín siguen la numeración griega y latina, en la que es el Salmo 118; las Biblias actuales siguen la numeración hebrea, en la que es el 119. Atención: en esas Biblias antiguas, el «Salmo 119» es otro salmo (el 120 de la numeración actual), y el «Salmo 118» de las Biblias actuales es el salmo de Pascua.
¿Qué significan las letras hebreas del Salmo 119?
Son las 22 letras del alfabeto hebreo: en el original, cada uno de los ocho versículos de una estrofa empieza con la misma letra. Es un recurso para memorizar el salmo y para decir que la Palabra de Dios lo abarca todo.
Más oraciones en español
- Salmo 1
- Salmo 19: «La ley del Señor es perfecta»
- Salmo 118: el salmo de Pascua
- Salmo 23 católico
- Salmos católicos
- En portugués: Salmo 119; en inglés: Psalm 119
Fuentes
- Salmo 118 (119): texto latino de la Vulgata Clementina (Wikisource), traducción de esta página.
- Regla de san Benito, cap. 16; Lucas 15,4.
- Explicación y oración escritas para biddingprayers.com por el seminarista Giuseppe.