Oración a la Divina Providencia: para que no falte nada en casa y para el primero de mes

La Divina Providencia es el cuidado amoroso con que Dios gobierna el mundo y acompaña la vida de cada persona: «vuestro Padre celestial sabe lo que necesitáis», dice Jesús. En México y en otros países se le reza sobre todo el primer día de cada mes, pidiendo que en casa no falte «casa, vestido y sustento», y se venera su imagen, que representa a la Santísima Trinidad. Aquí tienes una oración a la Divina Providencia para cada día, la oración del primer día del mes, el acto de confianza en Dios de San Claudio de la Colombière, las palabras de Jesús sobre la providencia y lo que enseña la Iglesia.

Oración a la Divina Providencia

Escrita para esta página:

Divina Providencia, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
que alimentas a las aves del cielo y vistes los lirios del campo,
mira con bondad a esta familia que confía en ti.
Que en nuestra casa no falte el pan, ni el trabajo, ni la salud, ni la paz;
danos casa, vestido y sustento, y sobre todo tu gracia.
Enséñanos a compartir lo que recibimos con quien tiene menos,
y a no vivir angustiados por el mañana, porque tú cuidas de nosotros.
Divina Providencia, en ti confío. Amén.

Oración para el primer día de cada mes

La costumbre es rezar el día primero de cada mes, al comenzar, pidiendo la ayuda de Dios para todo el mes. Muchas familias lo hacen ante la imagen de la Divina Providencia, con una vela encendida.

Santísima Trinidad, Divina Providencia,
al comenzar este mes de [mes] te consagro mi vida, mi familia, mi trabajo y mi casa.
Te doy gracias por todo lo que nos diste el mes pasado,
y te pido que en este nuevo mes no nos falte lo necesario.
Bendice nuestros proyectos, protege a los que amamos,
y danos un corazón agradecido y generoso. Amén.

Se suele terminar rezando tres veces el Padre nuestro, el Avemaría y el Gloria, en honor de la Santísima Trinidad.

Acto de confianza en Dios

San Claudio de la Colombière, jesuita del siglo XVII, escribió este acto de abandono en la Providencia (nuestra traducción):

Dios mío, creo firmemente que velas sobre todos los que esperan en ti, y que nada puede faltar a quien todo lo espera de ti; por eso estoy resuelto a vivir en adelante sin ninguna inquietud y a descargar en ti todas mis preocupaciones. «En paz me acostaré y descansaré tranquilo, porque tú solo, Señor, me has afianzado en la esperanza.»
Los hombres pueden quitarme los bienes y la honra; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de servirte; yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado; pero no perderé nunca mi confianza: la conservaré hasta el último momento de mi vida, y todos los demonios del infierno se esforzarán en vano por arrancármela.
Que otros esperen la felicidad de sus riquezas o de sus talentos; que se apoyen en la inocencia de su vida, en el rigor de sus penitencias, en el número de sus buenas obras o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mí, Señor, toda mi esperanza es mi misma confianza. Esta confianza nunca ha engañado a nadie: nadie que esperó en el Señor quedó defraudado.
Sé, por desgracia, que soy frágil e inconstante; conozco la fuerza de las tentaciones contra las virtudes más firmes; pero nada de esto me asusta. Mientras espere en ti, estaré a salvo de toda desgracia, y estoy seguro de esperar siempre, porque también espero de ti esta esperanza invariable.
Finalmente, sé que no puedo esperar demasiado de ti, y que no recibiré menos de lo que haya esperado. Por eso espero que me sostendrás contra mis inclinaciones, que me protegerás contra los ataques más furiosos del enemigo y que harás triunfar mi debilidad sobre mis enemigos más fuertes. Espero que me amarás siempre y que yo te amaré sin cesar. «En ti, Señor, he esperado: no quedaré confundido para siempre.» Amén.

Lo que dice Jesús de la Providencia

Mateo 6,25-34, en la traducción de Torres Amat:

En razón de esto os digo, no os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. ¿Qué? ¿No vale más la vida, o el alma, que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
Mirad las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas?
Y ¿quién de vosotros a fuerza de discursos puede añadir un codo a su estatura?
Y acerca del vestido, ¿a qué propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo cómo crecen y florecen; ellos no labran, ni tampoco hilan.
Sin embargo yo os digo, que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió con tanto primor como uno de estos lirios.
Pues si una yerba del campo, que hoy es o florece, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste; ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
Así que no vayáis diciendo acongojados: ¿Dónde hallaremos que comer y beber? ¿Dónde hallaremos con que vestirnos?
como hacen los paganos, los cuales andan ansiosos tras todas estas cosas; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de ellas tenéis.
Así que, buscad primero el reino de Dios y su justicia; y todas las demás cosas se os darán por añadidura.
No andéis pues acongojados por el día de mañana; que el día de mañana harto cuidado traerá por sí: bástale ya a cada día su propio afán o tarea.

Qué enseña la Iglesia sobre la Divina Providencia

El Catecismo de la Iglesia Católica (números 302-314) enseña que Dios no solo creó el mundo, sino que lo sostiene y lo conduce con sabiduría y amor hacia su fin. La providencia no quita la libertad ni el trabajo humano: Dios cuenta con nuestra colaboración. Y aunque no siempre entendemos por qué permite el mal y el sufrimiento, la fe nos asegura que «todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios» (Romanos 8,28).

La imagen de la Divina Providencia muestra a la Santísima Trinidad, a menudo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sobre el mundo. Algunas personas la ponen junto a la puerta o en la cocina, y otras colocan a su lado monedas o semillas como signo de su confianza. Lo importante no es el objeto, sino la fe en Dios y la generosidad con los demás: la Providencia no es un amuleto para atraer dinero, sino la confianza en un Padre que cuida de sus hijos.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se reza a la Divina Providencia?

En cualquier momento, y de manera especial el primer día de cada mes. También se reza una novena, nueve días seguidos, en una necesidad económica o familiar.

¿Qué se pide a la Divina Providencia?

Que no falte lo necesario: casa, vestido, sustento, trabajo y salud. Pero sobre todo la confianza en Dios y la gracia de vivir como hijos suyos, sin angustia por el mañana.

¿Quién es la Divina Providencia?

No es una persona distinta de Dios: es Dios mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en cuanto cuida de su creación. Por eso su imagen representa a la Santísima Trinidad.

Más oraciones en español

Fuentes

  • Mateo 6,25-34: Félix Torres Amat, La Sagrada Biblia (1825), dominio público.
  • San Claudio de la Colombière, Acte de confiance en Dieu (siglo XVII), traducción de esta página.
  • Catecismo de la Iglesia Católica, 302-314; Romanos 8,28.
  • Oraciones escritas para biddingprayers.com por el seminarista Giuseppe.